Cómo preparar los edificios para el envejecimiento de la población: retos y oportunidades

Vivimos más años. ¿Están preparados nuestros edificios para acompañarnos?

La accesibilidad, la convivencia y nuevas formas de habitar marcarán el futuro de nuestras viviendas. Adaptar los edificios a una población cada vez más longeva es uno de los grandes retos de los próximos años, pero también una oportunidad para crear comunidades más inclusivas y preparadas para el futuro.

El gran reto: los edificios que ya tenemos

He visto a muchas personas mayores dejar su casa. En muchas ocasiones por estar en situación de dependencia, pero en otras, y no pocas, fue por una escalinata en el portal, por la falta de ascensor, o por una bañera en la que ya no podían entrar.

Después de muchos años trabajando en la atención a personas mayores, he llegado a una conclusión incómoda: a veces lo que nos expulsa de casa no es la edad, sino el edificio.

Hablar de envejecimiento y vivienda parece obvio. Todos sabemos que vivimos más años y que la mayoría queremos pasarlos en nuestra casa. Precisamente por eso vale la pena mirar el asunto desde dos ángulos: un gran reto que tenemos pendiente y una oportunidad que apenas empezamos a explorar.

Con la construcción nueva, la normativa en líneas generales ha hecho su trabajo, y los edificios que se levantan hoy nacen accesibles. El problema está en el parque existente, que es donde vive la mayoría de la gente. Prácticamente no hay edificio anterior a los años ochenta del siglo pasado que no tenga algo que corregir.

¿Qué hace que un edificio sea amable con quien envejece? Menos de lo que parece, y cabe en cuatro conceptos: accesibilidad, visibilidad, facilidad de uso y espacio de relación.

La accesibilidad significa llegar de la calle a la puerta de casa sin un solo escalón. La visibilidad pasa por disponer de buena luz y contrastes que permitan ver dónde se pisa. La facilidad de uso implica que porteros, cerraduras, buzones e interruptores puedan utilizarse sin dificultades. Y los espacios de relación son aquellos lugares donde los vecinos pueden encontrarse y compartir tiempo.

Hay algo que quiero subrayar: nada de esto es cosa únicamente de mayores. La movilidad reducida puede aparecer en cualquier momento de la vida. Un edificio que funciona para una persona de 85 años funciona mejor para todos.

Las comunidades pueden empezar por medidas sencillas: iluminación con detectores de presencia, bandas de contraste en escalones, pasamanos o bancos en espacios comunes. Y planificar, sin prisa, pero sin pausa, actuaciones más complejas como rampas o ascensores accesibles.

Una oportunidad para vivir de otra manera

Adaptar el edificio resuelve cómo nos movemos. Queda por resolver con quién vivimos.

La soledad no deseada es probablemente uno de los grandes desafíos del envejecimiento en nuestra sociedad. Por ello, en distintos países europeos se han desarrollado iniciativas de cohousing y convivencia intergeneracional que buscan combinar viviendas privadas con espacios y experiencias compartidas.

Los ejemplos ya no son experimentales. Países como Dinamarca, Suecia, Países Bajos o Alemania llevan años impulsando modelos que facilitan la convivencia entre generaciones y fortalecen las relaciones vecinales.

En España también encontramos proyectos que muestran que otra forma de vivir es posible, donde jóvenes y mayores comparten espacios, apoyo mutuo y experiencias enriquecedoras para ambas partes.

Mirando al futuro

Una comunidad de propietarios convencional no se convertirá en un proyecto de cohousing, pero sí puede incorporar algunas de sus enseñanzas. Recuperar espacios comunes, abrir zonas compartidas o favorecer la interacción entre vecinos son pequeños pasos que generan grandes cambios.

Reto y oportunidad son inseparables. De poco sirve tener compañía si no puedes bajar la escalera, y de poco sirve un ascensor si nadie llama a tu puerta.

El desafío de los próximos años es doble: eliminar las barreras de los edificios que ya tenemos e imaginar formas de vivir en las que envejecer no sea sinónimo de quedarse solo.

Si todo va bien, llegaremos a mayores. La pregunta es si nuestros edificios, y nuestras comunidades, estarán preparados para acompañarnos.

Domènec Crosas

Consejero independiente y asesor senior


Miembro del Consejo Asesor de la Fundación Mutua de Propietarios